lunes, 29 de noviembre de 2010

La conciencia de Zeno

La conciencia de Zeno
Italo Svevo
Editorial Lumen

¿Cómo dar a entender La conciencia de Zeno sin sumergirme en el Psicoanálisis y en la obra de Freud? Sobre todo porque ni el psicoanálisis es mi campo, ni mis interpretaciones serían certeras.

Puedo hablar del personaje, que lo haré, y es más, ¡hoy que tengo la sangre caliente empezaré por destriparlo desde ya! Después daré unas pinceladas sobre el autor.

Para podernos centrar y comprender quién es Zeno, lo primero que haré será ofreceros dos personajes, uno real y el otro de ficción que nos sirvan para ilustrar al protagonista de esta obra: Mr. Bean y Zapatero, (cada cual decidirá qué parte de real y de ficción tiene cada uno).

Decía que hago esto para entender a Zeno, y es que el personaje de marras tiene la caradura de Mr. Bean y la mente perversa de Zapatero, aunque sirven ambos ejemplos si cambiamos los atributos entre uno y otro.

La obra se supone que son las memorias, o un diario, que escribirá el propio Zeno instado por su psicoanalista para, a través de sus vivencias, llegar a desentrañar el motivo de su necesidad de nicotina. Se supone que escribiendo día a día, pasaje tras pasaje y retomando también experiencias del pasado, el protagonista: Zeno, sería capaz de dar con el motivo de tal adicción.

Pero claro está, y apreciaciones psicoanalíticas al margen, no hay crítica al psicoanálisis, (pues tal cosa es esta obra por parte de Svevo), sino irrumpe la figura de la muerte del padre en sus escritos: imagen retórica recurrente y recurrida pues estará latente a lo largo de la obra. Esta y la del “último cigarrillo” que fumará una y otra vez simbolizando su fragilidad mental y su falta de voluntad.

Esto y su ineptitud en el trabajo, cosechando derrotas y errores de los cuales irá culpando a todo el que se cruce en su camino, cosa que le irá bien y le dará resultado una y otra vez, saliéndose de rositas, de ahí mi comparación con ZP.

Su amor por su cuñada, su resignación a seguir casado con su esposa, su amorío tardío y todas las justificaciones morales de hechos reprobables que le dejan un sentimiento de autosuficiencia e impunidad ante tamañas tropelías como las que irá haciendo a lo largo de la obra: ¿Bean o ZP? Una capacidad pasmosa para hacer barrabasadas sin perdón y no sólo hacerlas conscientemente, sino dar una serie de argumentos, explicaciones y justificaciones que hacen que el lector se recree con semejante personaje a la par que reniegue de imaginar que comparte genes y humanidad con semejante ser carente de sentimientos y de escrúpulos.

Zeno es un desaprensivo insensible incapaz de entender los sentimientos y deseos de su esposa, capaz no obstante de uilizarla como válvula de escape utilizando su físico sin llegar jamás a penetrar en sus sentimientos. Se mira al ombligo y no aprecia ni comprende la valía de lo que atesora.

Académicamente debo recalcar que la obra fue alabada y respaldada por el mismísimo Joyce, quien llegara a conocer a Svevo en su exilio en Trieste hasta el punto de ser grandes amigos. Y quiso la casualidad, como suele suceder, que ambos, inspirados por diferentes motivos y, en principio, con diferentes capacidades, escribieran dos de las grandes obras literarias del S.XX: El Ulises y la presente.

Esa incapacidad para dejar el tabaco, su ingenua o maquiavélica mentalidad, sea porque parece tonto, sea porque se hace el tonto para lograr sus objetivos… Esa ineptitud para el trabajo, ese comportamiento reprochable en cada uno de sus actos, ese descaro y esa desvergüenza, esa mezquindad y esa capacidad para explicar lo inexplicable hacen de Zeno, o mejor dicho de la obra de Svevo una joya literaria poco comprendida en su época y desconocida en la actualidad.

Obra que recomiendo encarecidamente a todo el que quiera conjugar un buen rato leyendo algo disparatado con saber apreciar que Zenos hay muchos, nos rodean: son nuestros amigos; nuestros vecinos; nuestros compañeros de trabajo; nuestros conocidos y a veces, cuando hay muchos Zenos por metro cuadrado; hasta nuestros presidentes. La pena es ser capaces de discernir cuál es la barrera entre la ficción literaria y la realidad, y comprender que un Zeno literario tenía que existir y si no habría que inventarlo, para disfrutarlo, entre risitas y nubes de humo de sobremesa, leyendo sus desventuras y sus maquinaciones… Mientras que caer en manos de un Zeno “real”… Qué voy a contaros queridos lectores, que no hayamos leído todos en las páginas de cualquier periódico de actualidad.

2 comentarios:

Anónimo dijo...
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